8/04/2011

Hipólito Unanue



Prócer de la Independencia, científico y humanista, Hipólito Unanue y Pavón nació en Arica el 13 de agosto de 1755. Luego de una vida fecunda al servicio del país, falleció el 15 de julio de 1833.

Su primera vocación fue el sacerdocio, pero en Lima el hermano de su madre lo encaminó hacia los estudios científicos, y así el joven Unanue ingresó a la Universidad de San Marcos, donde el 1783 obtuvo el grado de bachiller en Medicina y tres años más tarde el de Doctor. En 1789 fue nombrado catedrático de Anatomía. Imbuido del nuevo espíritu que cree en la ciencia experimental, no descansó hasta fundar, en 1792, el Anfiteatro Anatómico. Paralelamente, colaboraba, usando los seudónimos, Aristio y Félix Agrícola, con El Mercurio Peruano, publicación de La Sociedad Académica de Amantes del País, de la que fue uno de sus promotores.
Como humanista, Unanue se interesó por temas diversos, desde los propios de su profesión, como el que desarrolló en el más célebre de sus trabajos, "Observaciones sobre el clima de Lima y sus influencias en los seres organizados, en especial el hombre" (1806), hasta aquellos sobre el camino al Callao o las misiones de Cajamarquilla. Fue uno de los primeros en difundir en los círculos científicos las virtudes de la hoja de la coca, y desde su nombramiento como protomédico del reino se abocó a la tarea de crear un Colegio de Medicina y Cirugía, que al abrir sus puertas, en 1811, tomaría el nombre de San Fernando, posteriormente incorporado como Facultad de Medicina a la Universidad de San Marcos.

Elegido representante de Arequipa ante las Cortes de Cádiz, viajó a España en 1814. Su prestigio de hombre sabio y prudente era muy grande y los virreyes Gil de Taboada y Abascal le dispensaron su aprecio y solicitaron su colaboración. En 1821, el virrey Joaquín de la Pezuela lo nombra su representante para dialogar con San Martín y éste, a su vez, apreciando las virtudes de Unanue, lo llamará a integrarse al gobierno del nuevo Perú.

Hipólito Unanue no fue propiamente un revolucionario, pero contribuyó a hacer que los peruanos se interesaran más por su país, se sintieran orgullosos de él y se adhirieran a los ideales independentistas. Supo mantenerse al margen de las pasiones y, como muchos que, como él, vivieron la mayor parte de su vida durante el régimen colonial, dejó que la situación madurara y dio el paso decisivo en el momento preciso. De lo que no cabe duda es de su adhesión sincera a la República. San Martin, quien lo nombró su ministro de Hacienda, se refería a él como “el horado Unanue2, y Bolívar le encargó el mando provisorio de la nación cuando se ausentó del Perú. Unanue fue uno de los fundadores de la Orden del Sol y desempeño diversas funciones y comisiones públicas —entre éstas la de buscar un príncipe europeo para una eventual monarquía peruana— hasta su retiro en 1826. El Congreso Constituyente de 1823 lo declaró benemérito de la patria en grado eminente.

Sus últimos años los pasó en su hacienda de Cañete y murió en Lima rodeado del aprecio general.

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