8/04/2011

Francisco de Paula González Vigil




Este fecundo legislador, devoto educador, ardoroso tribuno y celoso defensor de las ideas liberales en Perú, nació en Tacna el 13 de setiembre de 1792. Se educó en el seminario conciliar de San Jerónimo de Arequipa, siendo su mentor el obispo Chávez de la Rosa, sacerdote de amplia cultura humanística, inspirador de muchos próceres. Ingresó a la vida religiosa y se graduó como doctor en teología en 1812, en la universidad San Antonio Abad del Cuzco. En 1815 fue nombrado catedrático de teología del seminario arequipeño, siendo además su vicerrector en 1819. Volvió a Tacna en 1823, distinguiéndose como religioso ganado fervorosamente a las ideas republicanas en un momento todavía incierto de la gesta emancipadora. Consolidada la independencia, integró el Congreso Constituyente 1826 como diputado por Tacna y tuvo especial participación en la elaboración de la Constitución de 1828. Se distinguió por su oposición tajante a la Constitución "vitalicia" de Bolívar. Para entonces ya había radicalizado sus ideas librepensadoras, debilitando sus vínculos con la Iglesia. En 1829 regresó a Tacna, luego optó el grado de doctor en derecho en Arequipa en 1831 y se desempeñó como rector del colegio Independencia Americana de esa ciudad entre 1832 y 1834, con intervalos impuestos por su elección al Congreso.

En la primera legislatura de 1832 fue elegido presidente del Congreso y marcó época, el 2 de noviembre de 1832, al enrostrar, en forma insólitamente severa, al triunfante y todopoderoso presidente Gamarra sus afrentas a la Constitución del Estado, iniciando y concluyendo su extenso discurso con la frase: "Yo debo acusar, yo acuso". Desde entonces cobró notoriedad como intransigente constitucionalista.

En 1834 retornó a Tacna, donde realizó intensa campaña contra las pretensiones anexionistas sobre su tierra natal del presidente de Bolivia. Durante el gobierno de Orbegoso fue presidente de la Convención Nacional de 1834, pero, apenas constituida la Confederación Peruano-boliviana, limitó sus funciones a ejercer la dirección de la Biblioteca Nacional desde 1836 hasta 1838. Luego fue desterrado por Gamarra como presunto defensor de la Confederación.

De regreso en el Perú, el presidente Castilla lo nombró en 1845, nuevamente, director de la Biblioteca Nacional, cargo que ejerció hasta su muerte, sin menoscabo de ser nuevamente elegido al Congreso en los períodos de 1851-1853 y 1855-1857. Tuvo amplio reconocimiento como hombre probo y celoso defensor de la legalidad, no obstante su contumaz anticlericalismo. La publicación de la obra en 6 volúmenes Defensa de la autoridad de los gobiernos contra las pretensiones de la curia romana (1848-1849), donde defiende radicalmente la independencia de los poderes públicos frente a la Iglesia, dio lugar a tres bulas de condenación del Vaticano (1851, 1853, 1854). Vigil, en respuesta, escribió una Carta al Papa en la que no se retractó. Más aun, se despojó del hábito eclesiástico y refutó el dogma de la Inmaculada Concepción de María que en esos momentos se contemplaba en el concilio vaticano. Desarrolló sus ideas anticlericales en las obras Defensa de la autoridad de los obispos (1856), Los jesuitas presentados en cuadros históricos (4 vols. 1863) y Diálogos sobre la existencia de Dios y la vida futura(1864).

También publicó, entre otras obras, algunas dirigidas al gran público, como sus Opúsculos sociales y políticos (1856), donde incluye un célebre artículo: "Paz perpetua en América o la federación americana", que reivindica las ideas unitaristas continentales de Bolívar; y Catecismo patriótico (1858), manifiesto antidictatorial que alcanzó varias ediciones. Tuvo una lenta agonía agobiado por la tuberculosis. Murió en Lima, el 9 de junio de 1875, impenitente y renegando de toda reconciliación con la Iglesia. Dejó inédito un volumen sobre sus discrepancias religiosas en la Biblioteca Nacional de Lima. Su sepelio fue motivo de una conmoción en la ciudad por negarle la autoridad eclesiástica el derecho a una sepultura cristiana. El cementerio Presbítero Maestro fue ocupado a viva fuerza por sus partidarios, alumnos y amigos, que señalaron en las honras fúnebres la integridad y los altos méritos intelectuales del fallecido legislador.

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