7/25/2011

Tacna prehispánica



La zona cordillerana del actual departamento de Tacna conserva restos de la presencia de los más antiguos grupos preagrícolas peruanos. El hallazgo de utensilios y restos humanos en las cuevas cercanas a la quebrada Cimarrona en Toquepala, cuya antigüedad alcanza los 9 500 años, junto con pinturas rupestres de gran realismo que muestran con todo detalle rituales ancestrales de cacería, ha sido fundamental para precisar la cronología evolutiva de la cultura peruana. La "pinacoteca" de Toquepala muestra al hombre tacneño de hace 95 siglos dominando hábilmente la cacería organizada y la manufactura de armas punzocortantes hechas de piedra.

Un cazador armado con un hacha rústica ha herido de muerte a un camélido. Las pinturas rupestres de Toquepala, de casi diez mil años de antigüedad, describen el esfuerzo de sobrevivencia y los ritos empleados en ellos por los más antiguos pobladores de la región tacneña
Los valles de Tacna fueron el escenario de diversos esfuerzos de desarrollo agrícola propios del lugar entre los años 1 500 a.C. y 200 d.C. Los estratos más antiguos de Locumba, Sama y Caplina muestran rastros de aldeas típicas del período "formativo temprano", semejantes a aquellos de los sitios de Lluta y Azapa (hoy en Arica, Chile), que sin duda fueron parte de un mismo fenómeno cultural. En estos sitios arqueológicos se comprueba que la alimentación proveniente de la fauna marina fue un factor importante en el proceso civilizatorio de tales núcleos sociales, facilitando su sedentarización y especialización artesanal mucho antes de incursionar en la agricultura, como lo afirma en sus investigaciones Michael E. Mose-ley (1975).

Las culturas altamente evolucionadas que dominaron la costa central entre los años 200 y 600 d.C. -Paracas y Nazca- no extendieron su influencia hasta lo que hoyes Tacna. En cambio, sí lo hicieron las culturas altiplánicas, que vieron en las vertientes occidentales cordilleranas un espacio propicio para ampliar su frontera agrícola, sin duda bajo el acicate del curso ascendente del índice poblacional (Federico Kauffmann Doig, 2002). Después del siglo II de nuestra era, según ha estudiado Alfred Kroeber (1944), hicieron su aparición en los valles ubicados en las estribaciones andinas, y luego en los oasis fluviales costeños, grupos migrantes de origen cordillerano que sentaron las bases de una frecuente comunicación con la región altiplánica. Un caso de temprana fusión cultural entre migrantes y pobladores ancestrales habría sido el de los puquina-atacama, según estudios realizados por Julio C. Tello (1942). Ellos habrían iniciado la construcción de aldeas amuralladas, con plazoletas circulares hundidas, en torno de las cuales desarrollaron cultivos mejorados de ají, maíz, frijol, camote y pacay. Su presencia se habría extendido en forma intermitente, a manera de "islotes", entre el valle de Majes, por el norte, y el de Antofagasta, por el sur. Estudios más recientes estiman que, por lo menos en algunos casos, se trataría de una forma no violenta de expansión de la cultura Tiahuanaco temprana.

Coincide con el surgimiento de este fenómeno cultural Puquina-Atacama o Tiahuanaco temprano (entre los años 200 y 300 de nuestra era), la presencia de colonos pucaras, también provenientes del altiplano, identificados por sus túmulos funerarios marcados con postes y sus fardos sepulcrales con íconos característicos. El ejemplo, mejor conservado de estos asentamientos es Caserones, en el valle c. e Tarapacá (hoy en Chile), que habría estado habitado hacia el siglo IV antes de nuestra era. Muestra grandes recintos cuadrangulares adosados y pequeñas construcciones circulares, hechos de piedra sin pulir y barro, con restos de cultivo y consumo de maíz, pallares, algarrobo, quinua, papa y maní.

Luego, entre los siglos VI y VII de nuestra era, las culturas Tiahuanaco y Wari (o Tiahuanaco-Wari, entendida a partir de cierta fase como una sola cultura, según algunos autores) formaron colonias en los valles occidentales entre el río Majes (Arequipa) y el rio Azapa (Arica). Una de ellas fue Tacana (vocablo equivalente a 'mazo' 'martillo' en idioma quechua tardío, cuyo real origen seria una voz puquina ya perdida), que se repobló en tiempos de los incas y pasó a llamarse Tacna en tiempos de Conquista. Se atribuye a la influencia Tiahuanaco-Wari los túmulos funerarios de piedra, que se aproximan a la forma de chullpas, correspondientes a las fases más tardías de los sitios arqueológicos de Sama y Caplina, estudiados por Hermann Trimbom (1975). Según Wendell C. Bennett (1953), la influencia de Tiahuanaco superior (o Tiahuanaco-Wari) marcó su impronta en toda la amplia región que va desde el Altiplano hacia la costa entre Arequipa y Atacama. Esta influencia habría tenido la forma de colonizaciones en las zonas agrícolas de tierras bajas de Moquegua, Tacna y Arica, y también en la zona de Cochabamba, pero en el caso de lo que se llama el "norte grande" chileno, como San Pedro de Atacama y Calama, en el noroeste argentino, se habría desarrollado en forma indirecta, a partir de una red estable de tráfico de productos, movilizados por caravanas de asentamiento trashumante, como aseguran J. Berenger y P. Dauelsberg (1989).

Bajo el incario, la autoridad cuzqueña utilizó en su provecho el antiguo nexo que subordinaba Cochabamba, Atacama, Tacna, Moquegua y Arequipa a las culturas altiplánicas. En algunas zonas de Arequipa y Cochabamba se organizaron centros de producción masiva de maíz sobre la base de mitimaes, pero en el caso de Moquegua y Tacna, el vínculo parece haber sido sólo tributario.

Realistas escenas de caza pintadas en Toquepala utilizando ramas con mechones de lana atados en las puntas. Sobre una pared rocosa se aplicó pigmento vegetal rojo oscuro diluido con agua. Por la originalidad de la representación, la correcta proporción entre los elementos y el buen sentido secuencial de sus escenas, la "pinacoteca de Toquepala" es un magnífico testimonio de la época auroral de nuestra civilización.

* ILUSTRACIONES; PEDRO ROJAS PONCE / PUBLICADAS POR JORGE C. MUELLE y ROGGER RAVINES, 1966

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