8/24/2009

Omega Stereo

Lo recuerdo como si hubiera ocurrido esta mañana. Estábamos bebiendo cerveza en grupos de a dos o tres en el hall de la radio. Jorge Luis se había enfrascado en una discusión confusa con Míster Elías, mientras Félix, Vidal y yo hablábamos del tema que nos apasionaba: la música. A dos metros, sentados sobre la mesa, botella en mano, se hallaban, Edgardo y Clever. Este último aplicaba profundas pitadas al cigarrillo que sostenía entre los dedos. Desde la cabina de transmisión llegaba la voz de Mario Javier, quien en ese instante presentaba una canción del Grupo Río.

Las voces de Jorge Luis y Míster Elías aumentaron de tono hasta tornarse violentas.

—Entonces pues, baboso —decía Míster Elías a Jorge Luis, poniéndose de pie de un salto—, vamos afuera a sacarnos la concha su madre.

Sus gruesas palabras, nos pusieron en alerta. Por alguna razón, Míster Elías ardía en deseos de trompearse con Jorge Luis, en cuya frente y nariz se habían formado gotitas de sudor. Se removía contra el sofá de mimbre con evidente temor.

Intervinimos. Los calmamos. Les pedimos que solucionaran pacíficamente sus diferencias. Volvieron a sentarse y cuando recuperaron la calma, los dejamos… y los brindis continuaron.

Míster Elías, sin embargo, se mostraba cada vez más violento. Jorge Luis tenía el semblante rojo y asustado. Se llevaba el vaso a la boca con torpeza, en tanto que Míster Elías se mostraba confiado, seguro de sí, con una sonrisa intimidante.

La discusión llegó pronto al clímax. Míster Elías volvió a ponerse de pie y vociferó:

—Por eso pues, animal, vayamos afuera de una vez y veamos quién es más hombre.

En la mano derecha sostenía el vaso de cerveza, que bebió de un trago, y acotó:

—¡Ya carajo! —se limpió la boca con la manga de la casaca—. Si no sales ahora mismo te reviento el hocico a sopapos.

Fue entonces cuando Félix, acercándose, exasperado por las bravuconadas de Mister Elías, dijo:

—¿Qué pasa, Elías? Suave, pues, compadre.

—¡No te metas, imbécil! —dijo Míster Elías, alargando el rostro como gallo de pelea, los ojos clavados en los de Félix.

El hall estaba tenso, hasta las paredes parecían nerviosas.

—Míster —dijo Félix— no voy a permitirte que…

—¿Y a ti quien diablos te ha llamado? —interrumpió Mister Elías—. ¡O quieres que tú y yo nos saquemos la concha su madre!

El reto resultó demasiado para Félix. Tras dos segundos que parecieron meses, dijo:

—Vamos, pues, carajo.

Míster Elías avanzó a prisa en dirección a la puerta de la calle. Detrás iba Félix, con los puños preparados. Ninguno de nosotros atinó a detenerlos. Se diría más bien que estábamos satisfechos de que por fin alguien pusiera el parche a Míster Elías.

Pero no habían llegado aún a la puerta cuando Félix dio un rápido saltó y propinó un planchazo en la espalda de su oponente, quien, tomado por sorpresa, cayó de bruces al suelo. Entonces, allí mismo Félix aprovechó para rellenarlo de golpes.

Cuando por fin logramos detener la pelea, Míster Elías, magullado, avergonzado, entre insultos, se largó a quién sabe dónde. Félix no quiso beber más y se despidió pronto.

Por entonces, Félix Tacora, propietario de Omega Stereo, era tan solo un muchacho de veinte años. Lo conocimos en el mundillo de la locución radial y la animación de fiestas. Fiestas que la gerencia de nuestra emisora organizaba en la ex Cooperativa San Pedro de la calle 28 de Julio, en la ex Federación de Empleados Bancarios o en el Hotel Emperador. En esa época —los noventas— Felix Tacora, era ya propietario de un conjunto de equipos de sonido sofisticados. En pocos años, logró incluso adquirir una combi que lucía por las calles de la ciudad el logotipo de la empresa, la que construyó con ayuda de su hermano Lucho y de sus padres, con quienes vivía en una casita del centro poblado Miguel Grau.

Actualmente Omega Stereo, líder en alquiler de sonido, luces y animación, presta servicios a cuanto evento importante se organiza. Tenemos entendido que en esta ocasión estará en la Feritac.

Por Juan César

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